CREADOR DE FICCIONES
PATRICIO WHITTY nació en Venado Tuerto en 1930, descendiente
de Thomas Whitty y María Droughan, una de las primeras familias de origen
irlandés que llegaron a estas tierras santafesinas a fines del siglo XIX.
Para tener una semblanza de la familia
Whitty, nos encontramos con Patricio -que goza de una excelente memoria- para
que nos relate, no solamente aspectos de su vida personal, sino sobre lo que es
una de sus grandes pasiones: el teatro.
Hijo de Patricio Whitty y Erna Brosch,
es el tercero en orden descendente de la familia integrada por: Elvira, Adolfo,
Patricio, Ismael, Ricardo, Oscar y Beatriz. Y como en las mejores familias
irlandesas, Patricio es el único soltero. Todos los demás formaron su hogar y
tuvieron descendencia, a excepción de Ismael que no tuvo hijos.
Eran tiempos difíciles, sin embargo y
por mérito propio, Patricio supo abrirse camino en la vida cumpliendo las más
variadas e insólitas tareas. De adolescente comenzó a trabajar en la casa de un
ejecutivo de la SA Molinos Fénix, donde hacía múltiples faenas; dos años más
tarde se empleó en una farmacia, donde además de cadete, aprendió el uso del
mortero para la preparación de medicamentos. Y fue precisamente allí donde
vivió su primera experiencia penosa. Recuerda que una manifestación obrera
avanzó por la calle central del pueblo reclamando mejoras salariales, y cuando
llegó frente a la farmacia, los manifestantes intimaron al propietario a unirse
a sus protestas; ante la negativa de éste, los huelguistas le pidieron que
dejara que el cadete se sumara a la revuelta, a lo que su empleador no se
opuso, y Patricio se perdió en medio del alboroto. Al día siguiente, cuando se
presentó a trabajar, se enteró que había perdido su empleo. “En mi
farmacia no quiero huelguistas” sentenció el
boticario. Este hecho lo
afectó en demasía. Si bien no hay precisión exacta del año, es muy probable que
haya sido alrededor de los años 1944/45, en plena Argentina convulsionada,
cuando Patricio contaba tan solo 15 años. Ahora había que buscar otro trabajo y
gracias a la recomendación de unos vecinos, logró emplearse en un campo de San
Marcos, a escasos kilómetros de Venado Tuerto. Allí trabajó durante tres años
quitando las malezas (chamico, cola de zorro, Chinchilla, abrojo) y por
supuesto, también juntadas de maíz y entroje, todo a músculo y pulmón. A todo
esto ya era un experto jinete y se fue a trabajar en una granja en las
cercanías del pueblo. Ya en la década del 50 los propietarios de ‘Fundiciones
Yasci’ -vecinos del barrio- le pidieron que fuera a trabajar con ellos y le
encargaron el depósito de materiales. A pesar de algunos reparos, aceptó el
desafío e ideó un registro que permitió identificar cada uno de los elementos
almacenados mediante la confección de un catálogo de existencia, lo que
posibilitaba que la fábrica no detuviera su producción por falta de material.
No conforme con el manejo de ciertas cuestiones laborales, presenta su renuncia
y se retira después de doce años de labor. A todo esto estaba en pleno auge la
fábrica de motores eléctricos ‘Dison S.A.’, que más tarde adquirió fama con la
fabricación de artefactos eléctricos (licuadoras, batidoras, enceradoras,
etc.). Como en toda ciudad chica, en el ambiente fabril sabían de la capacidad
de Patricio y por sobretodo, de su incuestionable honradez, razón por la que le
ofrecen el manejo del almacén de materiales. Todo iba bien hasta que se produce
un cambio en los directivos de la fábrica, y Patricio -que se caracterizaba por
su rectitud- tuvo un nuevo desencuentro y presentó su renuncia ante la sorpresa
de su jefe, que inútilmente trató de persuadirlo para que se quedara. Cuando se
retira, después de veinte años en la fábrica, le adeudaban alrededor de seis
meses de sueldos (situación similar al resto de los empleados) por lo que
exigió su pago total como correspondía. En aquella época existían los bonos
agrarios, que recibió en parte de pago y que luego canjearía en una agencia de
automóviles, donde adquirió un ‘Bergantín’ de Industrias Kaiser Argentina
(IKA). Al poco tiempo le ofrecen la gerencia general de ‘Fundiciones
Industriales’, una de las primeras empresas que se instala en el Parque
Industrial ‘La Victoria’, cargo que ocupa hasta que pide su pase a retiro. Sin
embargo Patricio no se detiene y continúa su actividad en una aseguradora,
trabajando medio día, lo que le posibilitó dedicarse a lo que siempre le gustó:
el espectáculo.
| José Wallace con Patricio Whitty |
Nos dice que en sus años juveniles,
cuando se enteraba de alguna puesta en escena teatral en la ciudad de Rosario,
hacía lo imposible para ir a ver la obra, y cuando llegaban a Venado Tuerto
compañías de Rosario o Buenos Aires, allí estaba él, en primera fila para
disfrutar de la actuación. “Cuando mis amigos iban al cine o a bailar, yo
prefería ahorrar para viajar a ver obras de teatro a Rosario” confiesa
sonriente. Sin dudas, el teatro fue y es su pasión.
Con posterioridad, y durante un período
de diez años aproximadamente, Patricio llevó al teatro dos obras más de su
autoría: “A pesar de todo” y “Mis amigos, tus amigos” con un marcado éxito.
Esto permitió que muchos de los aficionados de aquél entonces prosiguieran
estudiando actuación y formando grupos de teatro independientes que con el
tiempo in crescendo, a tal punto que actualmente en Venado Tuerto existen numerosos
grupos de teatro que se presentan regularmente en salas de la ciudad con gran
asistencia de público.
Su familia
Apenas comenzó a relatarnos sus
vivencias, Patricio marcó una de las materias que sus padres priorizaron para
sus hijos: había que estudiar. Y así lo hicieron, todos terminaron la escuela
primaria y únicamente Oscar, el menor de los varones, culminó sus estudios
secundarios, lo que no fue posible para los mayores que debieron trabajar
duramente junto a sus padres. Sus hermanas también asistieron a escuelas de
oficios mixtos, donde se dictaban clases de corte y confección, pintura,
bordados y trabajos prácticos, escuelas de gran auge por aquellos años también
difíciles para las niñas, que aspiraban a ejercer una profesión digna a sus capacidades.
El Teatro
Tenía 21 años cuando se le cruzó por la cabeza montar un espectáculo teatral. Asistió a talleres donde aprendió técnicas básicas para montar una obra. Inquieto, y con esas ganas de representar un espectáculo que identificara la idiosincrasia de la gente de su pueblo, pone manos a la obra. Es así que, con la asistencia de un reconocido hombre de teatro de la ciudad de Rosario -que lo alentó a montar el espectáculo- escribe su pieza teatral “El hijo triste” de lenguaje coloquial. Enseguida comienza a juntar aficionados dispuestos a seguirlo en su emprendimiento.
Rápidamente formó el elenco y
comenzaron los ensayos, y el 23 de noviembre de 1952 se estrena “El
hijo triste” en el Cine Teatro Verdi. El éxito superó lo imaginado y
las funciones debieron repetirse muchas veces más. Durante varios años el
elenco recorrió la región e hizo
las delicias de la gente que estaba ávida por
ver actuar a estos actores noveles que daban lo mejor de sí para deleitar a su
público. Con el correr de los años, dos de sus integrantes incursionaron en el
mundo artístico nacional y posteriormente en España y Estados Unidos con
relativo éxito.
No hay dudas, Patricio Whitty es uno de
los pioneros del teatro venadense y un permanente hacedor de conjuntos folclóricos
que tuvieron gran aceptación popular a nivel regional y nacional. Entre ellos
destacamos al conjunto folclórico “Los Huilques”, de destacada actuación en el
escenario mayor de Cosquín y una permanencia de diez años ininterrumpidos.
Nos despedimos de Patricio llevándonos
la imagen de una persona buena y generosa, un hombre afecto a la magia de los
escenarios y constructor de imágenes cotidianas que plasma en sus escritos que
no se atreve a mostrar, pero que guardan el afecto de sus seres queridos y el
agradecimiento de cuanto bien recibió en la vida. Lo expresó él mismo: “Soy
un agradecido por todo lo recibido”.
A su sobrina Mónica Patricia “Cielito” nuestro
agradecimiento.
Patricio Whitty falleció el 01/12/2014
a los 84 años de edad.

